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  • Yanky chicken fried

    Hoy, de nuevo, el terrorismo fanático ha acabado con la vida de varias personas en Carachi, una de las ciudades más pobladas del Pakistán. Ha sido cerca de un KFC, uno de esos lugares donde hacen comida rápida que, a diferencia de las buguers, sí que se puede afirmar que, al menos por ahora, saben a pollo.

    A mí me gusta el pollo tipo KFC, lo reconozco, aunque venga de Yankilandia y represente uno de los emblemas de su imperialismo. ¿Por qué negar que los yankies también tienen cosas buenas?

    Supongo que en ese KFC de Carachi contratarán por 2 centavos a pakistaníes hambrientos desesperados por trabajar en algo.

    Por desgracia para KFC y similares, cada vez son más los que han conseguido establecer la relación que hay entre trabajo-basura, comida-basura e imperialismo, que siempre es basura.

    Más de un soldado de los EEUU se convertirá dentro de nada, de nuevo, en otro yanky chicken fried. Y les llamo "chicken" por no tener la valentía, estos soldados, de mandar el imperialismo al carajo.

  • El falo de Alejandría (Segunda parte)

    Mina no había leído mucho sobre la fundación de la ciudad por el gran Alejandro, 25 siglos atrás. Sin embargo, no recordaba que aquel faro que creía ver entre la densa humedad apareciese en catálogo alguno. Había ido a parar a Alejandría porque quería ver Egipto por segunda vez pero en invierno y con el islamismo las agencias no ofrecían demasiados vuelos.
    Mina no había visitado Alejandría jamás. La primera vez aterrizó directamente en el Cairo. Ahora se encontraba en una ciudad demasiado parecida a la suya con un tiempo que amenazaba lluvia y que sugería bien pocas aventuras.

    la agencia la llevó al hotel Rossetta y la instaló en una habitación triple y cómoda que daba a la playa. Después de dejar las maletas y tumbarse un instante en la cama para recobrar fuerzas descorrió las cortinas esperando divisar el misterioso faro.

    El horizonte era un amasijo gris de neblina y frío, sin rastro de la poderosa construcción.

    Luego, a la hora de la comida preguntó en recepción sobre el faro. El joven egipcio hizo una mueca de desconcierto y llamó a un hombre mayor que dijo ser su tío y llamarse Yusuf. El hombre le explicó que el faro de la ciudad, el famoso faro, se había hundido en un terremoto hacía muchos siglos.

    Mina acudió al comedor pensativa, perpleja.
    Entonces, un europeo rubio y delgado de unos 50 años se le acercó. Dijo no haber podido evitar oir lo que hablaba con Yusuf cuando entró por recepción...

    (continuará)

  • El falo de Alejandría. (Primera parte).

    Enhiesto y duro, como Zeus manda.

    Ella lo buscó en la madre patria, en Egipto.
    Un arqueólogo sabe dónde empezó de veras Europa.
    Mina nunca fue arqueóloga ni nada de importancia salvo una cuarentona aparente y perdida. Llevaba tres años buscando desde que se alejó de aquel niñato musculoso sin materia gris. Ansiaba sentir de nuevo el perfume de un hombre, el vigor de un hombre, los besos de un hombre.

    Tomó el avión en Valencia, una ciudad casi hermana de Alejandría a la otra parte del Mar Interior. Voló a ciegas, como las cigüeñas heridas, como halcón moribundo. Llegó a la bella urbe una mañana fría de invierno, inusualmente fría. Casi le pareció la Valencia húmeda de trece grados que acababa de dejar atrás.

    Allá, a lo lejos, enhiesto sobre el mar, se levantaba el fantasmagórico faro, espectro de un tiempo peor inmortalizado por locos y poetas.

    Mina lo vio entre la neblina amarga y fría de su mente. Lo vio o creo verlo pero no sabía que...

    (continuará)

  • Hola de frío.

    Me dio un hola que me dejó helado.
    Había sido mi amante durante 10 meses.
    Me regaló su peor sonrisa, su mejor mirada, su bella voz, helada, helada como se hielan los sueños que nunca llegan a nacer.

    La miré cómo se iba, igual que no había mirado cuando me dejó la primera vez, dos años largos atrás. Por aquel entonces yo creía poco en el amor. Ahora creo, sobre todo, en el odio.

    Fue un hola de frío que me convirtió en carámbano, una avalncha de helor, un alud de miseria.

    ..pero hace unos minutos, andando calle abajo mi corazón se ha encendido con la sonrisa de un niño que gozaba de su globo de Totoro.

    He llegado a casa y me he puesto la inmortal película de Miyazaki.
    El hola de frío se derritió al primer fotograma.

  • Donde dije LOU digo LOE

    ¡¡ Ups !!!

    Las ensaladas de siglas nunca me sientan bien. Son aerofágicas, indigistas. INI, ONU, ANO... Huy, esa última me sugiere cavernas que no deseo explorar.
    En fin, que no era LOU, que esa es la ley sobre la universidad. Me refería a la LOE, la Ley Orgánica de la Educación, que está creando hoy mismo, día 12 de noviembre, problemas serios a mister Shoemaker.

    La manifestación auspiciada por capitalistas, niños pijos, conservadores y la primera entre todas las mafias dará que hablar en los telediarios, seguro. Pero creo que la LOE será ligera, muy ligeramente mejor a las últimas.

    De todos modos, esto no lo cambia ni Zeus.

  • París arde (y van...).

    Paris ha sido desde 1789 la vanguardia de los cambios sociales.
    Los disturbios de las afueras de la vieja Lutecia han alarmado a los parisinos blancos, franceses de cepa casi pura, europeos, bon vivants...

    Pocos recuerdan que los disturbios de París siempre han desembocado en cambios sociales y políticos, que fue el epicentro de las grandes revoluciones que nos llevaron al mundo en que estamos.
    París arde. Y van... ¿Cuántas?
    Las veces que haga falta hasta que eliminemos la pobreza, el racismo, la xenofobia.

    Chirac y Bush se empeñan -hasta el seminarista de Shoemaker- en emplear la vara en lugar del arado, de la ayuda. ¡ Qué estúpidos !

    La mayoría de los que se han rebelado tienen sus orígenes en el Magreb y en el África Negra, en los países de la miseria fomentada desde aquí. Todos sabemos, aunque cerremos los oídos y las mente, por qué. Por qué han sido y serán ellos.

    Dejad que arda París. De sus cenizas puede surgir un mundo mejor.

    Esto es Futuralia, el blog del mundo que ha de llegar.

  • ¡¡ Vaya tipejo !!

    Andaba yo hoy por mi querida Valencia cuando un inmigrante sudamericano me mira y exclama para sí mismo: ¡ Vaya tipejo !

    Yo soy un hombre de aspecto normal, más bien vulgar, no acabo de entender por qué habrá dicho eso a menos que el hambre o la miseria le hayan nublado la razón. Ahora que lo pienso, su rostro contenía una sonrisa no demasiado cuerda, alterada tal vez por las frustraciones de la migración a un país que de "Madre Patria" tiene lo que yo de torero.

    En fin, más valdría que dirigiese sus comentarios a alguno de los líderes políticos de su tierra o de la mía. Entonces le acompañaría con gusto y diría con él: ¡ Vaya tipejo !

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